| El triunfo del freak |
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| Redacción - Portada | |||
| Sábado, 18 de Octubre de 2008 10:53 | |||
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Santos es la historia de un hombre normal que se enfunda el traje de superhéroe para salvar el mundo Por Cristina Ros PouLos superhéroes no tienen por qué estar cargados de músculos y lucir una sonrisa impecable; también pueden ser calvos, gordos y torpes. En una palabra, imperfectos. Es uno de los mensajes que se desprenden de Santos, una coproducción chilena española que va a traer mucha cola. De momento, ya ha ganado el premio especial del jurado a la película más innovadora en el Fantastic Film Festival de Austin, Texas. Y lo que le queda. La película se ha llevado el aplauso del público y la admiración unánime de la crítica, que ya la catalogan como “la sorpresa del año”. En boca de su realizador, Nicolás López, Santos es una comedia romántica acerca del fin del mundo, con una estética muy cercana al mundo del cómic, fruto de las tantísimas horas que López ha invertido devorando viñetas. La película narra la historia de Salvador Santos, un treintañero común, más bien regordete, más bien calvo, que deberá asumir la difícil tarea de preservar al mundo de Nova, un tirano procedente de otra dimensión que se ha ocultado durante años en el cuerpo de su amigo Arturo. Si a esto le añadimos que, a la vez, deberá salvar a la bella Laura Luna de las garras del malvado, estamos ante un clásico guión de cómic en toda regla.
López no ha dejado de crear y de generar historias desde que tenía 10 años. En su país es conocido por sus columnas de opinión en el diario Mercurio (su película Promedio Rojo está basada en ellas) y por haber creado el único festival de cine independiente de Santiago. La onda expansiva de su talento llegó hasta Salma Hayek, quien le fichó el pasado año para dirigir un filme de ciencia ficción. Lo único que le faltaba era un largometraje que demostrara su talento. Y parece que ha llegado.
¿Una película acerca de un héroe o de un anti-héroe? Lo cierto es que este tipo de personaje se ha puesto muy de moda últimamente, tanto en el mundo cinematográfico como en el televisivo. Lejos quedan aquellos súper hombres o súper mujeres con súper poderes, tan implacables como irresistibles. La ficción nos propone hoy en día un modelo de héroe mucho más accesible, más en la línea de “El gran héroe americano”, aquel hombrecillo con capa roja y rizos dorados con más buenas intenciones que soluciones, pero mucho más entrañable y cercano. Y hasta clásicos como Batman o Spiderman (por cierto, a punto está de rodarse la cuarta entrega de este film) se han vuelto más humanos. El cine que propone López está entre Sin City y las películas de Álex de la Iglesia, siempre con el humor de fondo. De hecho, esta es una de las principales virtudes del realizador chileno: la capacidad para reírse de sí mismo. Santos es de aquellas películas en las que no puedes dejar de reír, mientras niegas con la cabeza las situaciones hilarantes que se suceden formando un bucle que no tiene marcha atrás. Leonardo Sbaraglia ha confesado que ha sido uno de los rodajes más desternillantes de su vida, mientras que Elsa Pataki ha reconocido que, con esta interpretación, ha cumplido uno de los sueños de su vida: calzarse un traje de heroína. Siguiendo los esquemas de un clásico como La bella y la bestia, los atributos físicos del protagonista de Santos distan mucho del ideal que tiene la chica. Salvador es un hombre bajito, poco atractivo, con un físico que pasa desapercibido, mientras que ella es el tipo de mujer con el que sueñan todos los hombres. El carismático Sbaraglia cumple aquí la función de guapo oficial, aunque su maldad lo convertirá en un ser repugnante a los ojos de Laura. Como en la mayoría de los cómics, en este film colisionan los grandes valores: el Bien y el Mal. El hecho de que esté tratado desde el punto de vista de la comedia hace que se relativicen estas grandes cuestiones y se apueste por un retorno a lo esencial, a lo verdaderamente importante en la vida. La película es un mágico viaje al mundo de los súper héroes de carne y hueso, un film que nos permite soñar que otro mundo es posible, al menos durante esa hora y media.
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