| Cartografía de la moda |
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| Redacción - Portada | |||
| Lunes, 09 de Marzo de 2009 09:40 | |||
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Las pasarelas acaban de presentar sus propuestas para la próxima temporada, una época con más interrogantes que certezas. Sin embargo, una cosa es irrevocable: sea cuál sea el futuro de la economía mundial, la moda no está dispuesta a abandonar su protagonismo Por Daniela Santos QuartinoEstamos en crisis, ya lo hemos asumido. El mundo como lo conocíamos hasta ahora se desmorona y todo tiende a reestructurarse. Hoy vemos que es necesario redefinir la forma en cómo gastamos, pero también nuestra visión de todas las cosas. Debatimos acerca de cuáles deben ser los nuevos valores, hacia dónde debemos enfocar nuestro hacer y querer. Nos avergonzamos del consumismo desenfrenado, condenamos la superficialidad, exigimos valores añadidos, queremos compromiso y responsabilidad. ![]() En este contexto, la moda parece ser la primera víctima, ya que con tan sólo convocarla, acuden a la mente conceptos como el lujo, el hedonismo y la total frivolidad. Nada más erróneo, sin embargo. El problema es que la moda, al igual que tantas otras cosas, se ha banalizado en manos -y pluma- de “fashionistas wannnabe”, pero nadie puede permanecer ajeno a la dimensión creativa y económica de una actividad que emplea a millones de personas en el mundo. Sólo en España, el sector de la moda está integrado por más de 6.000 empresas y es responsable de la creación de más de 200.000 puestos de trabajo. Al igual que muchas otras cosas, la moda se reestructurará a partir de esta crisis, pero no cederá un palmo de su protagonismo. Como dice el diseñador Oscar de la Renta: “Aunque no se tenga dinero, nadie anda desnudo. Puede ser el día más triste, pero nos ponemos delante del espejo y queremos vernos bien. Esa ess la función de la moda. Vestirse es importante, haya o no haya crisis”. ![]() En cuanto a la alta costura, el sector más caro de la industria, la pasarela de París del pasado enero se llevó a cabo durante tres días (uno menos que lo habitual) y con 23 desfiles en lugar de los 27 que generalmente acoge. Por un lado, el lujo se vio obligado a apretarse el cinturón. Por el otro, se está registrando una subida en los precios de sus creaciones a niveles históricos para intentar posicionarse y llamar la atención de la reducida clientela que, pese a los avatares económicos, está dispuesta a desembolsar 17 mil euros por un vestido de Giambattista Valli, por ejemplo. “Sufrimos las consecuencias de lo peor que tiene el ser humano: la avaricia. La alta costura, en cambio, muestra lo más bello de lo que es capaz”, comentó en la revista Vogue el director de la firma John Galliano tras el desfile del diseñador, representante de la teatral fantasía y la perfecta ejecución de los talleres de confección. ![]() La alta costura es casi el último reducto del oficio de artesanos exquisitos. En un mundo en el que impera la uniformidad, la labor artesanal que desempeñan estos míticos talleres concentrados principalmente en Francia es un preciado valor. Esta capacidad de ofrecer productos exclusivos y únicos, es el “as debajo de la manga” que sostendrá al sector más selecto de la moda. Nadie aspira a que los niveles de crecimiento se mantengan como en los últimos años, cuando las casas de costura obtuvieron ganancias récord, pero tampoco se prevén drásticas caídas. ![]() La búsqueda individualSi la alta costura es el arte por el puro arte, el prêt-à-porter es el espejo más inmediato sobre el que se refleja el estado de ánimo de la sociedad. No en vano, en estos tiempos de incertidumbre, la gran tendencia ha sido la “no tendencia”, una búsqueda de nuevos caminos para llegar al público. Excepto algunas coincidencias en las construcciones geométricas y cierto regreso a los años ochenta, las colecciones presentadas en las últimas pasarelas han sido el resultado de un estilo particular marcado por cada diseñador. El prêt-à-porter, el sector situado entre la alta costura y las cadenas de moda, es el que abre la mayor interrogante en este contexto de recesión. Las pasarelas de los principales centros de moda -Nueva York, Londres, París y Milán- se han desarrollado en medio de la expectativa, con alguna fiesta menos que en ocasiones anteriores y ajustes en los gastos, pero con el mismo ímpetu creativo de siempre. En Madrid, donde se lleva a cabo la mayor exposición de la moda española tras la desaparición de la Pasarela Gaudí en Barcelona, se celebró la más grande edición con 55 diseñadores en 45 desfiles. El evento costó alrededor de 3,2 millones de euros (casi 700 mil provienen de patrocinadores privados). ![]() Que Chanel fue un fruto de los malos tiempos es una coletilla que se repitió constantemente entre los percheros de la Madrid Fashion Week. Lo cierto es que los años que se avecinan serán difíciles para los diseñadores españoles, sobre todo en un mercado local paralizado por el miedo. De ahí que las marcas nacionales hayan empezado a abrirse al resto del mundo. A la fórmula abierta hace unos años ya por Custo Barcelona en Nueva York y Josep Font en París se empiezan a sumar otros diseñadores como David Delfín, quien esta temporada estrenó desfile en la Gran Manzana. A pie de calleLa apertura es una solución que las cadenas de moda conocen bien y vienen practicando desde hace años, con excelentes resultados. Así el grupo gallego Inditex, con la enseña Zara a la cabeza, es uno de los principales distribuidores de moda de todo el mundo. Su presidente, Amancio Ortega, maneja una de las más abultadas fortunas de la actualidad. Inditex (con sus marcas Zara, Uterqüe, Massimo Dutti, Stradivarius, Bershka, Pull and Bear, Oysho y Zara Home) junto a otras cadenas referentes como la también española Mango, la sueca H&M, la inglesa TopShop, la italiana Benetton o la estadounidense Gap, por nombrar a las de mayor expansión internacional, representan el nuevo fenómeno de la moda de los últimos años. ![]() Estas cadenas captan al instante las tendencias que muestran las pasarelas y las trasladan a sus prendas, situación no muy bien vista por la mayoría de los diseñadores del prêt-à-porter, pero que el consumidor acoge con renovado entusiasmo temporada tras temporada. Pese a los descensos generales en los niveles de consumo, los precios accesibles serán la baza de las cadenas de moda en tiempos de crisis. La situación más difícil la tienen las marcas pequeñas, de carácter familiar o índole más exclusiva, que dependen de un mercado local y un público menos masificado que el de las cadenas. La misma incertidumbre se instala sobre el gran circuito de la moda urbana liderada por la industria del jean y el sportswear, cuya salud se mide en las ferias que tienen lugar semestralmente en varias ciudades a lo largo y ancho del planeta. Según las ediciones de enero y febrero de salones cercanos como Paris Première Vision, Pitti Uomo o la misma Bread & Butter —que se acaba de trasladar de Barcelona a Berlín-, el clima imperante es “la cautela” y la necesidad de ofrecer al público productos diferenciados y de alta calidad para asegurar la viabilidad de la industria. ![]() Así las cosas, la moda ha sido finalmente conquistada por una gran tendencia: la ecología y el consumo responsable. La explosión de la producción en países con bajos costes, prácticas dudosas con el ambiente y el respeto de los derechos laborales tienen su contraparte en lo que se ha dado a llamar “la moda ética”. Cada vez más, los diseñadores y las cadenas de moda elaboran sus colecciones en base a materiales reciclados, fibras naturales o textiles elaborados con criterios de sostenibilidad. Esto incluye la vigilancia de políticas de comercio justo con los productores de los países en vías de desarrollo. Frente a la redefinición de valores y prácticas a la que obliga la crisis, la vertiente ecologista y ética tal vez sea el camino por el cual la moda esté llamada a dar el ejemplo. Una vez más.
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